28 de diciembre de 2014

Estados de ánimo

Si a una mujer la abandona su marido puede suicidarse o buscarse otro mejor. Su estado de ánimo tiene todo que ver para que un mismo conflicto la lleve a escoger entre dos salidas tan opuestas. ¿Qué es eso asaz importante entre ella y su decisión que influye así en su modo de actuar?

El estado de ánimo bueno es una herramienta para la vida, pero si no es bueno puede ser un yugo a la inteligencia. El ser humano más evolucionado es el que anda dando bandazos entre un espíritu abatido y otro a veces eufórico. Todo lo humano está condicionado por diversos factores y el ejercicio de la razón es un constante esfuerzo por trascender esos condicionamientos.

Los condicionamientos nos empujan impiadosamente hacia la frustración: nos dicen que no, el trámite no salió, nuestros esfuerzos en el trabajo no son reconocidos, no nos corresponden en el amor, advertimos no haber tomado una decisión necesaria, tropezamos con un funcionario venal. Nuestro ánimo es la esponja que todo recoge y que oscila como un termómetro obediente a los vaivenes de la temperatura.

Algunos somos notoriamente felices, porque lo hemos decidido, y otros irremediablemente tristes por nuestra naturaleza, y millones vemos alterada una positiva disposición a cada día por agresiones externas. Somos nosotros, y somos también nuestras circunstancias, como lo dijo el filósofo.

El escritor mexicano Fernando Rivera Calderón dice en un texto: "Amor es lo que yo siento por ti y lo que tú sientes por él". ¿No les parece ésta una circunstancia externa que condiciona fatalmente nuestro talante? La desventura nos produce zozobra y desconsuelo, y no podemos intervenir para modificar la situación.

La velocidad del mundo atomiza la vida y la hace asfixiante, la degrada. Convierte al ser humano en poca cosa. La autoestima avasallada lo pulveriza. El individuo no vale como tal porque el valor de la vida humana, el primero de los valores superiores, ha sido arrumbado en la morada de los trastos viejos.

El buen estado de ánimo, que debe predominar en individuos emocionalmente sanos, ha sido sitiado por el miedo.

Algunas librerías importantes de América Latina exhiben en sus estanterías un quince por ciento de libros de los llamados "de autoayuda", que hace veinte años no existían. A lo que pueda aportar nuestra carga genética para que estemos ora contentos ora abatidos, se suma el aire enrarecido de la época.

"Los días son iguales para un reloj, pero no para un ser humano", dijo Marcel Proust.

La felicidad del cerdo está en un costal de maíz a su alcance, pero el individuo, cuando posee raciocinio, modifica lo que goza y lo que sufre al influjo de sus emociones.

Cuanto más elevado sea usted, cuanto más cultivado, lamento y celebro decirle, será más vulnerable y estará más expuesto a los estímulos. Sus estados de ánimo son y serán de más fina especie, y su preocupación por lo humano más sutil y acuciante.

Basta observar la personalidad de los grandes hombres y mujeres de la historia. Será difícil encontrar una sola que podamos definir como sencilla. Beethoven, Juana de Arco, Freud, Cervantes, Isabel la Católica, Napoleón, Teodora, Konrad Lorenz, Einstein, Cleopatra, Borges, no fueron sencillos.

Aun no siendo seres extraordinarios, todos somos rehenes de nuestro humor de cada día. Ahí está el estado de ánimo, habitual o circunstancial, compañero inseparable, errabundo, añadiéndole un prisma a las cosas, porque la realidad es independiente de la actitud con que se la mire.

"Hablan de cuánto bebo, pero no hablan de mi sed", expresa un adagio irlandés, perturbador, doliente. En cambio en el otro extremo de la afectación, relajado, el poeta Francis Picabia escribió: "Si hay algo que tomo en serio es no tomar nada en serio".

El buen estado de ánimo era ya para los platónicos una exaltada inspiración divina que encendía el deseo de ser mejor. Y el entusiasmo, que es lo mismo, significaba para los griegos "llevar a Dios adentro".

Es inherente a la condición de juventud ser animoso y enarbolar la bandera de un constante entusiasmo vital, pero la juventud pasa pronto y sólo quienes hayan forjado su espíritu en la templanza podrán sobrellevar los años maduros sin marchitarse por los rigores de la existencia.

Horace Walpole, filósofo inglés del siglo XVIII, dejó escrito que "la vida es una tragedia para los que sienten y una comedia para los que piensan". Decida usted si la sentencia conlleva un aplauso a la razón y un desprecio a la sensibilidad, si celebra cierta forma de cinismo, porque puede leerse como "allá usted si siente", pero es de todos modos una revelación: no vivimos en abstracto; desde la sonrisa socarrona o desde la angustia, un mismo suceso puede verse divertido o atroz.

Pero, ¿se pueden cultivar los estados de ánimo?

Sin duda, en esto no hay discrepancias entre los entendidos.

Los conflictos y las frustraciones que de ellos se derivan en la vida cotidiana son tantos y de naturaleza tan diversa, que sería imposible hacerles frente con una única receta.

Sí podemos afirmar que la civilización ha creado muchos de esos conflictos y al mismo tiempo un abanico de pretendidas soluciones. Psicoanálisis, meditación, terapias, medicamentos, religiones, yoga y otros bálsamos y curalotodos han competido desde tiempos inmemoriales para presentarse como alternativas legítimas a los desesperados, bastones para ayudar a caminar.

En todas las opciones mencionadas hay fuentes de conocimiento, hay materia donde apoyarse para comenzar. En cada uno de nosotros reside la necesidad de identificar la naturaleza de nuestros problemas, si la frustración pertenece a nosotros mismos o es generada por el medio ambiente. No es lo mismo padecer una neurosis que verse en medio de una guerra.

Desear ser mejores, preservar la cordura y defender nuestro equipo vital es lo siguiente. Sin un elevado estado de conciencia, más allá de la adolescencia, no es posible avanzar hacia metas intelectuales sutiles. Desde este punto de vista, es indudable que los estados de ánimo se cultivan. Con la meticulosidad con que se cultiva el amor.

Debemos conspirar contra nuestro sino cotidiano, porque si no lo hacemos la maquinación invisible del mundo actuará contra nosotros, inexorablemente.

Usted tiene poderosas razones para ayudar a sus estados de ánimo, porque determinan su calidad de vida.

Simplifique todo. Muchos de nosotros tenemos tendencia a crear problemas donde no los hay.

Sea realista. No hay Rolex de oro ni automóvil de lujo que lo hagan feliz por más de quince minutos si sus asuntos internos están desordenados. Propóngase metas alcanzables y persígalas.

Valore lo precioso que tiene y olvídese de lo que el destino le niega. Sólo hágalo. Pacte con la palabra 'determinación', que es la voz de mando para ponerse en movimiento. Sin decisión tomada todo está perdido. Y una 'decisión tomada', si realmente lo es, no conoce paso atrás.

Sea usted. El intento de ser “los otros” produce angustia. El ser uno mismo la elimina.

Solucione los problemas. Soluciónelos.

Actúe. ¿Cuándo? ¡Ahora!

Sepa que el odio, el rencor, la envidia, el orgullo, la ignorancia, el presuponer, inmovilizan. Se vuelven contra nosotros. Los grandes sabios coinciden en esto. Combata a estos enemigos rutinariamente.

Hasta donde sea posible planifique su día, su semana. Si no pudo con el día de hoy ponga en orden y por escrito el de mañana. Obtendrá resultados asombrosos.

Intervenga en su estado de ánimo, o será víctima de él.

El poder que ejerce el agradecimiento es terapéutico e irreemplazable. Se deprime el inconforme, nunca el agradecido. Con simpleza, en lugar de quejarse por el vaso medio vacío, agradezca el mismo vaso medio lleno.

No se queje, o quéjese mucho menos. Si se queja, los demás se alejan, y usted se predispone a que lo que hace salga mal.

La felicidad se busca siempre, y de tiempo en tiempo, por un plazo variable, se encuentra un poco de algo que se le parece.

26 de diciembre de 2014

Recordando a Bendigo William Thompson

Leo con una sonrisa la pregunta del lector Rodolfo Iglesias, que quiere saber si antes de Muhammad Alí había boxeo, porque parece que el ex campeón de peso completo es su referencia más lejana. Antes de Alí, el buen Rodolfo sólo imagina… la nada. Mi sonrisa no es de burla, sólo de sorpresa. Está muy bien que quien no sabe lo que no está obligado a saber, si le interesa, pregunte.

La respuesta empieza diciendo que hay boxeo organizado, como lo conocemos, hace poco más de 120 años en Estados Unidos, Inglaterra y Australia, que fueron los primeros países en tener autoridades boxísticas, reconocer títulos y llevar récords.

Antes de eso, de esos 120 años de boxeo perfectamente documentado, hay mucho más, de lo que también han quedado huellas fehacientes.

No me voy a detener en la antigüedad, precisando las tribulaciones de Glauco, el hijo de Hipóloco en la mitología griega, el primer peleador de quien se tienen noticias; ni abundaré sobre el primer boxeador muy famoso, el griego Theágenes de Tasos, campeón de la olimpíada número 75 celebrada 480 años antes de Cristo; pero sí les voy a decir que lo más viejo que se conoce del boxeo como hoy lo vemos es Bendigo. Se trata de un famoso boxeador inglés cuyo nombre era en realidad William Thompson.

Bendigo nació el 11 de octubre de 1811 en Nottingham, Inglaterra, y peleó como se peleaba entonces, con los puños desnudos. Su celebridad no conoció límites y aún hoy, en su ciudad y en toda Inglaterra, es una leyenda. Sobre el final de su carrera, en 1850, recibió el reto de un joven llamado Tom Paddock, diez años menor, y como tardó en aceptarlo su propia madre, de 82 años de edad, le dijo públicamente: “Yo te digo lo siguiente, Bendy, si tú no aceptas la pelea eres un cobarde. Y quiero decirte más, si tú no peleas yo puedo pelear con ese joven”. Bendigo ganó la pelea a duras penas, se dice que ayudado un poco por el árbitro, que decretó una descalificación de Paddock después de casi hora y media de combate.

¿Cuándo peleó entonces Bendigo? Peleó entre 1832 y 1850, aunque alcanzó su momento culminante entre 1836 y 1838.

Imagínense…

Fue cuando la Primera Intervención Francesa en México.
Fue cuando la batalla de El Álamo.
Fue cuando vivía San Martín.
Fue cuando acababa de morir Simón Bolivar.
Fue cuando la reina Victoria subió al trono.
Fue cuando nacía la emperatriz Sisí, Isabel de Baviera.
Fue cuando Benito Juárez se recibía de abogado…

Bendigo medía 1.77 y debe haber pesado unos 68 kilos, cuando más. Era zurdo. Hizo entre 46 y 50 peleas en su carrera de boxeador y perdió una sola, con un rival que le llevaba más de veinte kilos de ventaja. Fue encarcelado 26 veces porque el boxeo era ilegal. Sucedía con frecuencia que al terminar las peleas estaba esperando la policía para llevarse a los dos combatientes y a algunos del séquito.

Falta decir que Bendigo fue un proselitista religioso desde muy joven, y después de ser boxeador se formalizó como sacerdote y dedicó el resto de su vida a servir a Dios. Nada que nos llame la atención si recordamos que en el mundo del boxeo esto se vio más tarde en peleadores que se hicieron ministros de alguna fe religiosa: Earnie Shavers, George Foreman, Yuri Foreman, Masibulele Makepula, Sergey Akimov y el famoso réferi Richard Steele.

Así respondo la interesante pregunta de mi amigo Rodolfo Iglesias que ahora sabe que sí, hubo boxeo antes de Muhammad Alí.

14 de diciembre de 2014

Bradley vs Chaves: Un empate de risa

He visto a Timothy Bradley en todas sus peleas desde que rivalizó con Kendall Holt, en 2009. El de anoche fue el peor Bradley que he visto.

No dejará de ser por eso el gran combatiente de este tiempo, que es, pero su pelea con Diego Chaves entre cabezazos, rudezas y desencuentros no tuvo el brillo de los grandes acontecimientos. Gilberto Román vivió una noche de espanto contra Nana Konadu en 1989, fue vapuleado por el africano en la Arena México, y no por eso dejó de ser un inmortal de nuestro pugilismo. Sobran ejemplos para demostrar que estas cosas les suceden a buenos peleadores, especialmente en noches de las que se espera que sean poco demandantes.

Bradley, en un rendimiento a veces sombrío, con altibajos de miedo, nos dio sólo momentos de su buen boxeo, y cayó reiteradamente en lagunas que favorecieron (no puedo decir que aprovechó) a Diego Chaves.

"Bradley es superior pero es un rival 'ganable'", escribió Osvaldo Príncipi en La Nación de Buenos Aires el mismo sábado de la pelea, y casi acierta el experto, porque entre las fisuras tremebundas de Timothy y los malos jueces faltó poco para que Chaves regresara a Buenos Aires con una victoria.

La actitud de La Joya Chaves fue de una ambición escasa, parándose siempre con dignidad para un mediano esfuerzo en el ring, pero sin variar un ápice lo que había preparado. Parco en su ejecución, no rompió esquemas, se conformó con cumplir. El típico proceder del que dice "si con esto me alcanza, bien, y si no también". No hubo grandeza en él, no sorprendió, no encendió la llama que alumbra a los colosos. Olvidó que el carácter determina la mitad por lo menos de lo que vamos a conseguir. No fue con esa entrega económica como Alí le ganó a Foreman o como Chávez le ganó a Meldrick Taylor.

Tim Bradley, muy lastimado, quizá fracturado en el pómulo desde el comienzo, fue todo fastidio en la pelea. "Le tengo que ganar a este tipo pero mejor si estuviera peleando con otro, aunque fuera uno mejor", era lo que decía la expresión de su rostro. El argentino parado enfrente, con pertinacia le resultaba exasperante.

Yo no suscribo el comentario repetido, incluso en la mesa de trabajo que comparto en TV Azteca, de que "el que fuerza la pelea" tiene que ganar el round, toda vez que forzar la pelea no significa nada sino el resultado que se obtiene de forzarla. Yo puedo forzarla (provocarla, hacerla activa) pero si me reciben con una cataratas de madrazos que me desfiguran la cara... en mala hora el haberlo intentado. Queda abierto este foro en los comentarios para que mis compañeros y amigos del equipo participen con sus respuestas si es pertinente.

El boxeo se transforma con rapidez, y viendo boxeadores argentinos -como mexicanos- hay razones para pensar que muchos avances decisivos tardan en incorporarse a la enseñanza en sus gimnasios. El diferente trabajo de piernas de Bradley y de Chaves exhibió a un Chaves torpe para proyectarse y para recogerse. Bradley subido a un par de zancos se hubiera movido con mayor presteza que el porteño, con lo que se confirma que el boxeo de hoy es también un arte de la cintura para abajo. Chaves con piernas útiles sería mucho más que el muchacho digno pero limitado que vimos anoche. Marcos Maidana, otro argentino, con piernas hábiles sería un portento. Y así.

Las piernas de Willie Pep y las de Sugar Ray Robinson en los viejos tiempos eran una maravilla, pero algo excepcionales. Sin embargo desde los años de Alí y de Leonard, después Whitaker, Mayweather, Pacquiao, el boxeo de élite las ha incorporado de tal modo que su utilización eficiente es decisiva, y por lo tanto imprescindible.

No tengo noticias de que alguien haya visto ganar la pelea de ayer a Diego Chaves, excepto Julie Lederman. Con seriedad les diré que históricamente no me ha parecido una mala juez, y la recuerdo dando mejores tarjetas que jueces de experiencia inveterada. ¿Una actuación fallida? Todos la tenemos, sí, pero la repetición de los malos fallos es una bomba que ya le estalló al boxeo. El empate que anotó anoche el canadiense Craig Metcalfe tampoco era aceptable.

Julie Lederman dio 116 112 para Chaves en tanto que su padre, 'la tarjeta de HBO', dio 116 112 para Bradley.

Frescos todavía los recuerdos del indignante empate 114 114 de la señora C.J. Ross en la pelea de Floyd Mayweather con el Canelo, y el otro tristemente famoso 114 114 de Michael Pernick en Mayweather Maidana I, no podemos obviar que hace sólo tres días hubo otro escándalo por la victora de Oscar Escandón sobre Tyson Cave en Temecula. Pelea del infame 'título interino' de la no menos desprestigiada AMB.

Ni las comisiones importantes ni los cuatro organismos del boxeo están haciendo nada, que yo sepa, por remediar la angustiante situación de desamparo que sienten los aficionados. Los dirigentes miran para otro lado. Esto que sucede, no sucede, señores. Millones de personas son burladas impunemente en el mundo que ve boxeo, y todo sigue igual y seguirá peor. Cada domingo comentando los disparates de la noche anterior, nos preguntamos qué nueva arbitrariedad veremos el sábado que viene.

Los jueces tienen que ir a la escuela, pero no van, porque no hay escuelas para jueces. Algunos seminarios en las convenciones de los organismos, ya lo sé. No hay ningún reprobado. Todos exentan. Y así no se avanza. Los comisionados suponen que van a acabar con los malos jueces y los multiplican. Tiene que haber filtros, o nos seguiremos debatiendo en el mar donde naufragan juntos los incompetentes, los injustos, y los débiles de carácter que votan por el del promotor, por el favorito, por el ídolo, por su compatriota. El Consejo Mundial de Boxeo hace públicas ahora las tarjetas en los rounds cuatro y ocho, con lo que el juez desfasado compensa en los rounds cinco y nueve para no alejarse de sus contertulios. Reglas de boxeo redactadas por taxistas.

El 1 de septiembre de 1983 Kiko Bejines murió peleando con Alberto Dávila, y comenzó el desastre, porque era la primera pelea de título interino de la historia. Yo andaba por ahí. Recurrimos al interinato por una sola vez, para solucionar un problema legal-reglamentario que se había creado por una fractura de Lupe Pintor que tuvo que alejarse por un tiempo del boxeo. No creamos el título interino para ser usado como se usa. Que alguien defienda peleando un título interino es ya el colmo de la desfachatez. Desde entonces el boxeo profesional está condenado a humillación perpetua, por los que están para cuidarlo.

La pelea Bradley-Chaves fue una buena pelea con un fallo bochornoso. Yo digo que ganó Bradley por cuatro puntos, 116 112. Si no ganó por cuatro ganó por dos, o por seis. Esos son los márgenes. Ni empate ni victoria de Chaves por cuatro puntos como desatinó Julie Lederman.

Somos hijos de la impotencia. La impunidad sacraliza el despojo. Estos años se recordarán como los de fallos bárbaros que robaron en varias peleas a Juan Manuel Márquez, a Manny Pacquiao, a Timothy Bradley, a José Luis Castillo, a Andre Dirrell, a Bernard Hopkins, a Evander Holyfield, a muchos más.

El viejo boxeo derrama alguna que otra lágrima secreta, porque poco a poco muere, pero a nadie le importa.

23 de noviembre de 2014

Manny Pacquiao vs Chris Algieri, para pelear se necesitan dos

"Rien n'est stupide comme vaincre ; la vraie gloire est convaincre". Víctor Hugo (1862, Los Miserables)

Nada es tan estúpido como sólo vencer, la verdadera gloria está en convencer. La frase del insigne escritor francés es con frecuencia demoledora para los que tienen abundante público que los siguen.

Cuando alguien gana 30 millones de dólares en una presentación, como Manny, la ejecución de su trabajo tiene que ser perfecta.

Manny Pacquiao superó en cada segundo de la pelea (pelea, es un modo de decir) a Chris Algieri en Macao, no corrió riesgo alguno y sumó un resultado, pero se sintió incómodo. Transitó del empeño a la frustración, de la frustración al enojo, del enojo al fastidio y del fastidio a la resignación.

Una característica del filipino es la felicidad. Cuando pelea juega, se divierte, está contento y se le nota. Anoche, no.

Ganó, lo hizo con suficiencia sobrada, en varios pasajes nos produjo la sensación de que se quedó a un golpe de noquear, pero no pudo redondear una gran noche (un mediodía, habría que decir, porque la pelea fue a la una de la tarde), confirmarse como el zurdo más vistoso de la historia, departamento en el que hace rato superó a Marvin Hagler.

Leo una docena de comentarios en la mañana del domingo, analistas de varios países que tratan de explicar los pormenores de una noche sin gloria. Lo tratan bien a Pacquiao, casi sin excepciones, ("It was a masterful showing of boxing from Manny Pacquiao", dice el Inquirer de Manila) y sé de todos modos que hubo aficionados inconformes. Es fácil tomar el pulso de la gente en estos tiempos de redes sociales. En México influyó en las opiniones el golpeteo de Julio César Chávez que en la transmisión poco menos que crucificó a Manny Pacquiao.

Yo fui condescendiente con el León de Manila. Vi la pelea de anoche pensando en la pelea anterior, con Tim Bradley, para compararlo, y en la pelea que viene --ojalá se dé--, con Floyd Mayweather, para proyectarlo. Manny fue veloz, que es lo que importa para juzgarlo hoy. Lo demás, las habilidades, las sutilezas, están instaladas en él. Mientras pueda acelerar hasta donde en sus mejores noches, seguirá vigente.

Chávez dice que recibió demasiados golpes, y yo creo que recibió los inevitables cuando buscaba provocar la pelea. Se esforzó, trató, hizo por que hubiera hostilidades. Si no lo hacía nos dormíamos todos.

Relevo de culpas a Manny, el problema fue Chris Algieri. Cada pelea es diferente para un boxeador. Las cuatro de Pacquiao con Juan Manuel Márquez fueron de trámites parecidos, en la antípodas de lo de ayer. Márquez se esconde un poco con su defensa. Pero vuelve, contragolpea, se faja, pone el pecho a la metralla, está siempre ahí, es un enemigo honesto, que acepta el duelo. Algieri lo rehuyó.

Para colmo, instalaron en Macao un ring de casi 7 metros por lado, dentro de cuerdas. No me pregunten por qué Manny Pacquiao lo permitió. Le facilitaron al retador la huida pertinaz que conspiró contra el espectáculo. Parece que estos detalles, de importancia suprema, no se cuidan, ni siquiera en este nivel. Con un ring del tamaño que usamos en México (6 metros por lado), la pelea de ayer era otra.

Antes de una pelea usted y yo, todos, tenemos una idea sobre lo que debe suceder, que a veces se confirma y otras veces no. Ningún peleador da exactamente lo que habíamos pensado, da un poco menos o un poco más, y en eso se van los destinos de un combate. Cuando un aspirante a campeón llega a su gran noche, como Algieri ayer, puede quedarse corto (como Tony De Marco contra Jessie Vargas, pongamos por ejemplo), o sublimarse y lograr una hazaña (Muhammad Alí contra Sonny Liston, Carlos Monzón contra Nino Benvenuti, Sal Sánchez contra el Colorado López). No esperábamos que Chris Algieri estuviera llamado a ser Alí o Monzón, por supuesto, entre otras cosas porque a los 30 años de edad era de suyo imposible, pero algunos creímos que podía dar una buena pelea.

Algieri se fajó contra Ruslan Provodnikov, lo hizo con determinación y coraje. Tuvo el rostro sanguinolento en un estallido y un ojo a punto de abandonar su órbita, y siguió peleando, lo que auguraba una entrega digna frente a Pacquiao, suficiente para crear una batahola sobre el ring, a despecho de sus limitadas habilidades, no comparables con los recursos de Manny. Pero sufrió (y era imposible adivinarlo, pronosticarlo) lo que en psicología y en jurisprudencia se llama "temor reverencial", que es el que siente un individuo frente al jefe, un soldado frente al coronel, en fin, el que se somete en sumisión ante lo que acepta a priori como alguien o algo superior.

Como el Canelo cuando peleó con Floyd, Algieri se entregó sin luchar, se conformó temprano, no quemó nunca las naves, cambió deseos de triunfo por la modesta aspiración de terminar de pie.

En otras palabras, la pelea le quedó grande a Chris. Dedicó todos sus esfuerzos a defenderse y caímos en lo que sentencia el viejo adagio de que si uno de los dos no quiere, no hay pelea.

Pero dejemos al neoyorquino, que en lugar de convertirse en historia se convirtió en pasado.

El fantasma de Floyd Mayweather estuvo también anoche en el ring de Macao. La permanencia de Manny Pacquiao en el boxeo tiene valor mientras sea imaginable una pelea entre los dos.

Las últimas semanas se sucedieron una serie de situaciones que permiten sospechar que la pelea es posible. Parece deliberado el reclamo repetido de Pacquiao indicando que Floyd no quiere pelear, y el silencio de éste que crispa la ansiedad de los que esperamos una respuesta. Bob Arum hizo su mayor apuesta al decir que ofrece 250 millones de dólares para que se los repartan ambos, y cristalizar el acontecimiento deportivo más caro de la historia.

Pacquiao interesa mucho vs Floyd, e interesa muchísimo menos contra Terence Crawford, Danny García o Jessie Vargas.

Sabemos que hay que resolver un asunto comercial severo. Floyd Mayweather pelea para CBS/Showtime y Manny Pacquiao para Time Warner/HBO. Las dos corporaciones se unieron en promoción en 2002 para hacer posible Lennox Lewis vs Mike Tyson y lograron (en ese momento) la pelea con mayores ingresos de todos los tiempos. Ahora tienen más motivos para asociarse.

Las veleidades que conocemos de Floyd Mayweather no son de alguien que está loco, sino de uno que se hace el loco. Sería incomprensible que quisiera irse del boxeo sin aceptar este reto. El puede abandonar el deporte, pero no se irá del mundo. Le será muy difícil caminar por la vida como promotor, como actor, como empresario, cargando el estigma de no haber enfrentado a Manny Pacquiao.

El filipino ya peleó, ayer. Son libres. Será grandioso si en las próximas semanas se confirma la pelea esperada.

26 de octubre de 2014

Cuánto vale Andy Ruíz

La presencia de Andy Ruiz despierta entusiasmos en los aficionados.

Está bien una moderada ilusión por un joven que hace estragos en los modestos rivales que hasta ahora ha tenido, especialmente porque pertenece a una categoría en la que México no produce nada. No tenemos pesos completo y quisiéramos tenerlos.

Convengamos en que no hay pesos completo (de valía) no sólo en México, en el mundo, y esto explica que Ruiz, sin haber probado excelencias mayores, pero sí entusiasmo y olfato de boxeador, aparezca bien clasificado entre los mejores del mundo. En medio de la pobreza cualquiera que traiga un billete de mil pesos en la bolsa es un potentado.

Convengamos también que Kenny Lemos o Manuel Quezada, sus rivales más recientes, no son Wladimir Klitschko. ¿Cómo vamos a medir con rigor a Andy si el rival de anoche, Lemos, ni siquiera pudo armar la guardia?

De todas maneras, con la excepción de Klitschko, que dista mucho de ser un inmortal pero que por tamaño y por el poder de su brazo izquierdo estirado, que parece una columna de Trajano horizontal, Andy Ruiz podría hoy dar una sorpresa a cualquiera de los demás pesos pesado del orbe.

Algo más quiero decir: Andy Ruiz con poco más en el boxeo va a superar los méritos de los mejores completos que hemos tenido, el Pulgarcito Ramos, Ladislao Mijangos (vencedor de León Spinks), Mauricio Villegas, el Dr. Ismael Ruiz (de pegada bestial pero poca resistencia) o Saúl Montana.

Lo de Ruiz por ahora es todo de signo positivo. Lo hace bien, cada vez mejor, está invicto y gana. Minimizar sus méritos por un físico atípico sería un acto discriminatorio. Nadie puede decir que con el mismo récord y el cuerpo de Ken Norton sí podría llegar a la cumbre pero que con la anatomía que le dio Dios no puede. No lo sabemos. Todavía hay en el mundo cosas que suceden por primera vez.

14 de septiembre de 2014

Mayweather no quiso y Maidana no pudo

La pelea sirvió para una sola cosa: demostrar que era innecesaria.

Ninguno de los dos aportó nada nuevo y, al contrario, ambos dejaron en casa lo mejor que habían exhibido el 3 de mayo cuando se enfrentaron por primera vez. Ni Maidana fue tan efectivo ni Mayweather fue tan condescendiente. El campeón tomó precauciones, se paró lejos del Chino en el ring, y se cuidó de que la pelea no se fuera a los intercambios que tanto le disgustan. Menos agresivo que un monje budista. No estaba dispuesto a que lo tocaran ni con el pétalo de una rosa.

Pobre combate, paupérrimo de boxeo y de emociones, que vi preguntándome por qué a este tipo seguimos llamándolo el mejor libra por libra, concepto que se acuñó hace muchos años para exaltar el linaje de Sugar Ray Robinson. Mayweather podría respondernos que eso es lo suyo y que si no nos gusta a ver quién le gana. Ser invencible a su modo tiene su mérito, pero nadie en este mundo puede concedérselo sin recordar que él no ha querido pelear con Manny Pacquiao, y mientras no le gane al filipino su gloria será cuestionable. Esta época, por mucho, es la época de Manny Pacquiao, no la de Floyd Mayweather.

El secreto para derrotar a Floyd, si alguien lo tiene, está en las piernas del que aspire a la hazaña, no en los brazos, y Pacquiao tiene las piernas que nadie más tiene en todo el abanico del boxeo actual. No digo que Pacquaio ganará, digo que tienen que pelear.

Pacquiao es mucho más que Marcos Maidana, Canelo Álvarez, Robert Guerrero, Miguel Cotto, Víctor Ortiz y Ricky Hatton, cartabones con los que estamos midiendo a Floyd Mayweather.

A Manny lo puedo pensar y comparar con los grandes welter: Leonard, Robinson, Gavilán, Barney Ross, Henry Armstrong, Jimmy McLarnin, Jack Britton. Si comparo a Mayweather con ellos siento que estoy cometiendo un pecado mortal, y una estupidez.

No sé a ustedes, a mi Mayweather me dejó un sentimiento de profundo enojo en esta segunda pelea con Maidana. Mejor libra por libra, pagado con 40 millones, alabado universal, invicto, imbatible, reverenciado y endiosado… ¿y no pelear? Que se vaya al demonio. Otras veces he defendido su estilo de boxeo, que debe servir en ocasiones para sacar adelante una pelea, para demostrar que es casi un intocable, para presumir sus habilidades. Pero todo tiene un límite.

Lo de esta pelea fue una burla. El público se comportó como si al comenzar las acciones a cada espectador le hubieran dado un Nembutal. Pasó de la euforia al desencanto. En los rostros se podía adivinar la expresión de ‘¿a qué vinimos?’ Un bodrio televisado a cien países.

Marcos Maidana se quedó enredado en las redes de sus propias limitaciones. Dependía demasiado de lo que hiciera Floyd y de que éste se parara a pelear como lo hizo en la primera pelea. Su mala suerte quiso que el campeón rehuyera el combate franco y lo exhibiera impotente para atacar. Cuando Floyd no quiere que Maidana lo alcance, Maidana no lo alcanza, y no lo puede remediar. Sus piernas hacen los movimientos básicos del boxeo, no son hábiles para sutilezas.

Esta historia se terminó, como se terminan las historias en el boxeo, cuando todo está claro.

Ahora vamos a ver con qué le va a salir Mayweather a la gente. Todos queremos verlo en una sola pelea, en la que él no quiere. Físicamente está bien, igual que su antagonista ideal, Manny Pacquiao, que tuvo un rendimiento irreprochable en abril, contra Tim Bradley.

Yo no sé todavía si veremos esa pelea que sería la gran pelea de este tiempo. Los dos harían historia y ganarían lo que quisieran. Mayweather decía hace unos días que Pacquiao la necesita. Ahora él también la necesita porque se lo reclaman el mundo y su dignidad.

Porque lo de anoche fue para olvidar.

7 de septiembre de 2014

Gran demostración de Estrada; calvario para Giovani

Una buena pelea para el público y para el boxeo hasta el sexto round, rayó la impudicia luego, y preocupó a los que en ese espacio enloquecido en que se había convertido la Arena de la Ciudad de México conservaban algo de sensatez cuando a partir del séptimo el castigo que recibía Giovani Segura era peligroso en extremo.

Pocas veces decimos que lo actuado por un boxeador fue perfecto, porque lo perfecto no puede ser mejorado, pero si lo del Gallo Estrada no lo fue, se pareció en demasía a la perfección. En cada pelea un poco más nos asalta el pensar: ¡Qué boxeador tenemos!

Francisco Estrada, el Gallo, dominó de principio a fin a Giovani Segura, haciendo de la pelea la exhibición de un campeón portentoso que tiraba lo que quería para que Segura enfrente, cual si fuera un costal de gimnasio de entrenamiento, recibiera una tunda machacona en una repetición al infinito que le fue deformando la cabeza y a los que mirábamos nos quitó el aliento.

La toalla del rincón de Giovani llegó en el round número once, escandalosamente tarde, cuando hacía muchos minutos que aquello había dejado de ser boxeo para transformarse en un espacio de torturas, a tal grado que el Gallo ya no le pegaba en serio al desdichado guerrerense, posiblemente porque tenía miedo de matarlo.

El boxeo, amigos, es el más hermoso de los espectáculos deportivos, por tanto y tanto que se relaciona con la realidad humana, porque es una metáfora de la vida, porque es el hombre y su lucha cotidiana recreada al resplandor que aísla el cuadrilátero dejando a dos solos aunque allende el encordado haya miles de testigos. El boxeo, señores, es estética y drama, es entrega y sacrificio, es oficio para superar obstáculos y poner a prueba la inteligencia de sus protagonistas, es también nuestro rictus contraído por el espanto cuando asoman gotas de sangre en los rostros sacudidos por los golpes. El boxeo vale porque para miles de seres humanos es luz en las tinieblas. El boxeo es pasión desbordada y es un desafío que invita a llegar al límite cada vez que tañe la campana y manda a combatir. Pero no es, no puede ser, un asesinato.

Giovani Segura fue arriesgado en la pelea, más allá de la prudencia, y él y el boxeo fueron puestos al borde del precipicio. En nuestro deporte es menester que el riesgo sea calculado, y los límites trazados sin lugar a dudas. Cuando se cruza la raya de lo posible, lo que sigue es la protección: detener un combate a tiempo, intervenir, decir basta. Un tipo como Giovani no abandona, antes se muere, y es lo que deben saber los de pantalones largos para hacer ellos lo que el boxeador no quiere o no hará por vergüenza.

El público masificado en ocasiones protesta cuando se detiene una pelea que se parece a una masacre, pero si a los comisionados es lo que les importa, no deben ser comisionados.

Una vez más en la historia del pugilismo se enfrentaron dos exponentes en pureza de los estilos extremos. Esta vez ganó el boxeo a la fuerza bruta, pero no siempre es así. Cuando Mike Tyson peleó con Michael Spinks por el título mundial de peso completo el 27 de junio de 1988 en Atlantic City, todos los pronósticos estaban del lado de la escuela boxística de Spinks, pero venció la fuerza. Tyson terminó con las dudas en 91 segundos dejando atónito al mundo entero.

Este debate entre fuerza e inteligencia continuará hasta la eternidad, y es razonable aceptar que los dos bandos tienen valiosos exponentes.

En cuanto a la pelea que estamos comentando, no es que no supiéramos desde antes las ventajas tácticas y estratégicas que tenía el Gallo Estrada, pero cada pelea es una confirmación o un desmentido de las virtudes de un boxeador, y había que poner sobre la mesa de análisis la pegada mortífera y el espíritu indomable de Segura que eran sus mejores herramientas. Sin embargo, después de las palabras vienen las peleas, y es la acción y los músculos en controversia lo que dan respuesta a todo.

El Gallo dominó y Giovani no pudo sorprenderlo nunca. Rescato de la pelea la calidad singular del campeón que sigue creciendo y ya ni imaginamos hasta dónde puede llegar. Una figura excepcional del boxeo y del deporte de México, que el mundo reconoce ya en su justa dimensión.

3 de agosto de 2014

Floyd Mayweather, el Chino Maidana, una pelea y dos divisiones

A veces la fórmula para entender un asunto complejo es agrandarlo diez veces. Exageremos un momento para entender: si usted pesa 60 kilos y le gana al campeón de peso completo, ¿tiene o no derecho a ser considerado campeón de peso completo? 

Yo creo que sí, y con mayor mérito que si le hubiese ganado pesando lo mismo.

El Consejo Mundial de Boxeo acaba de autorizar que la pelea de revancha que sostendrán Floyd Mayweather y Marcos Maidana el 13 de septiembre en Las Vegas sea por los dos títulos que posee el primero, welter y superwelter.

Desde Henry Armstrong y hasta que hace unos meses sucedió con Floyd Mayweather el boxeo no registraba a nadie como campeón simultáneo en dos o más divisiones porque era antirreglamentario. Aunque el reglamento que conocemos --y por eso tantos me preguntan por qué-- dice que quien gana un segundo título debe escoger con cuál se queda y renunciar al otro, el presidente del CMB, Mauricio Sulaimán, explicó (vean la entrevista que le hice el 22 de mayo al respecto) que “hay una votación de la Junta de Gobierno que suspendió momentáneamente la vigencia de esa regla”.

Los cambios de las regulaciones boxísticas en el siglo XX tendieron a igualar los pesos en las peleas, pero de todos modos la historia de nuestro deporte registra muchas excepciones –algunas de importancia notable (como Jack Johnson vs Stanley Ketchel, 16 kilos de diferencia en el pesaje)- en las que se escenificaron combates con diferencias muy marcadas.

Ya me voy a ocupar, párrafos adelante, de la famosa pelea entre Sugar Ray Leonard y Don Lalonde, que es la que la mayoría de los aficionados recuerda como antecedente de la que va a ocurrir.

Hay otros registros de casos idénticos.

El 24 de abril de 1931, en el ‘Chicago Stadium’, Tony Canzoneri defendió su título de peso ligero y obtuvo el superligero que estaba en poder de su adversario, el inglés Jack Kid Berg, al ganar con un maravilloso nocaut en el tercer round. Fue un gancho izquierdo como pocos se han visto. Recomiendo que lo revisen en youtube porque vale la pena.

Tomemos nota de que Canzoneri pesó 132 y Berg 134 ½ libras (el límite de peso ligero es 135). El detalle es importante porque Mayweather y Maidana, igual que ellos, tendrán que dar la categoría de abajo, es decir welter. Nadie puede pelear por un título mundial no dando el peso.

Más interesante aun es observar que el mismo Canzoneri se enfrentó ese año a Kid Chocolate, un poco más tarde, el 20 de noviembre, en pelea que se anunció por el título de tres divisiones. A la hora de la verdad Tony no pudo dar las 130 libras acordadas para que la pelea, además de por los títulos ligero y superligero, fuera por el superpluma que estaba en poder del cubano. Canzoneri ganó por puntos en fallo dividido, a Chocolate, que al pesar 127 ½ libras quedó a 12 libras y media (5.670 kilogramos) de distancia del límite inferior de una de las categorías cuyo título disputó (superligero). Canzoneri dejó ir esa noche la oportunidad de ser el primero en ganar títulos en cuatro divisiones distintas.

En 1933, el 23 de junio de ese año, el judío Barney Ross ganó por decisión en 10 rounds a Tony Canzoneri y obtuvo los títulos mundiales de este último, ligero y superligero.

El antecedente más antiguo de lo que estamos comentando, sin embargo, no es de hace 80 años sino de hace 130. El 30 de julio de 1884 el fabuloso Jack Dempsey, conocido desde entonces como “el Nonpareil” (no confundir con el peso completo que de éste tomó su nombre), ganó por nocaut en el round 22 a George Fulljames en Great Kills, Staten Island, Nueva York. Se sabe que el ganador, que cobró una bolsa de 2,000 dólares, pesó 140 libras y se hizo de los títulos welter y medio (el peso welter tenía entonces un límite de 142 libras, no las 147 de hoy). Pelearon con guantes, que se empezaban a usar.

Cuando se anunció la pelea Leonard-Lalonde, por los títulos supermediano y semicompleto, hacía más de cincuenta años que el boxeo no veía algo parecido, y el ambiente se vio sacudido por una marea de comentarios, a favor y en contra (la mayoría). Yo era entonces secretario ejecutivo del CMB y fui promotor y testigo de lo que aconteció; y enlistado con los que estaban a favor.

En junio de 1988 Sugar Ray Leonard, que estaba retirado, le pidió a José Sulaimán volver al boxeo a disputar el título de los supermedios (división que ya reconocían la AMB y la FIB, con límite de 168 libras, 76.204 en kilos) en el CMB. El campeón que ya existía, en la AMB, era el venezolano Fulgencio Obelmejías, pero Leonard quería, claro, el famoso cinto verde. Además, la pelea que proponía Sugar Ray era por las 168 libras pero con el canadiense Don Lalonde, campeón de las 175, semicompleto, que tenía de blanco lo que Leonard tenía de negro, y un rostro afilado de ojos claros y una cabellera rubia que abonaban a un contraste estético espectacular. La jugada magistral quedó al descubierto: de una vez que lo que pedían pusiera en juego los dos títulos.

El día 29 de ese mes de junio siete miembros del Comité Ejecutivo del CMB se reunieron en el hotel Intercontinental de Nueva York, en el 111 de la calle 48, en Manhattan. Asistieron Leonard y Lalonde pidiendo lo que ya se sabía: pelear por ambos títulos en noviembre. En el CMB consideramos que no habiendo impedimentos de tipo reglamentario y tratándose de una pelea de alto interés para el mundo del deporte debía aprobarse, y así se hizo.

Como asunto anecdótico, un periodista preguntó a José Sulaimán por la fecha de creación de los supermedios en el CMB, a lo que el presidente con picardía respondió que “la convención anterior”. Esto no es exacto, porque la convención de Las Vegas en 1987 había rechazado el pedido del promotor venezolano Rafito Cedeño para la creación de la categoría (Cedeño defendía, claro, los intereses de Obelmejías que tuvo que irse a la AMB para ser campeón). La fecha de creación en el CMB es el 29 de junio de 1988, en aquella reunión de Nueva York. La primera clasificación se dio a conocer en julio de 1988 con diez boxeadores en la lista.

Leonard y Lalonde pelearon el 7 de noviembre en el Caesar’s Palace de Las Vegas. Ganó Leonard por KOT en 9 rounds en una buena pelea. Sugar Ray fue el primero en ganar cinco títulos en diferentes divisiones. Antes había poseído los welter, superwelter y medio. El 16 de noviembre Leonard renunció al título semicompleto y se quedó con el supermedio, porque el reglamento decía (y dice, tal vez, no lo sabemos) que en siete días el doble campeón debe decidir con qué título se queda. En febrero siguiente el inglés Dennis Andries se coronaría campeón para tomar el espacio vacante en las 175 del CMB.

Por mi parte, estoy también a favor de que un peleador pueda ser campeón en dos o más divisiones al mismo tiempo, como Armstrong que lo fue en tres. No hay razón comprensible para que los organismos tengan escrita esa regla demencial que se lo prohíbe; la que ahora suspendió el CMB y permite esta pelea. La autoridad debe decirle al peleador “tienes cuatro meses para defender tu título(o cinco, o seis)”, y no decir nada más, porque siempre es preferible que haga mucho y diga poco. Si el peleador no cumple con su obligación, se lo desconoce al día siguiente de su plazo vencido. Sería por lo tanto saludable que el CMB derogue esa regla suspendida, con lo que tendríamos la esperanza de que los demás organismos, que tanto le han copiado, le copien otra vez para beneficio del boxeo.

Digamos antes de terminar que algunos especialistas han puesto el grito en el cielo por la supuesta quita de oportunidades para otros que tiene como consecuencia un peleador acaparando dos títulos. Yo les respondería que no me preocupa en lo mínimo esa situación, inexistente en una época en que a diferencia de los viejos buenos tiempos, cuando algunos magníficos peleadores esperaban años su oportunidad (Mantequilla Nápoles), ahora la mayoría la encuentra o inmerecidamente o antes de haber madurado lo necesario.

Esto es todo lo que puede decirse de los antecedentes, jurisprudencia e historia sobre lo que va a suceder el 13 de septiembre, la pelea de Floyd Mayweather con el argentino Marcos Maidana.

Adorno, en fin, pero no censurable, para hacer atractiva una pelea que Floyd Mayweather necesita vender mejor. Recordemos que firmó seis combates con Showtime de los que disputó dos: con Robert Guerrero y la primera con Maidana. Ambas fueron pobres para la demanda de pagos por ver, con menos de un millón de adquirentes en cada caso. Muy lejos de los 2 200 000 de ventas que tuvo su pelea con el Canelo Álvarez.

22 de julio de 2014

Recordando a Sonny Liston

Hace ya más de 43 años (31 de diciembre de 1970) apareció muerto en su residencia de Las Vegas, sin que la policía pudiera aclarar jamás qué pasó con él, Charles Sonny Liston, un fantástico, bravo, salvaje, ex campeón mundial de peso completo. Sonny Liston. 

Es contra quien se consagró campeón mundial Muhammad Alí en 1964, quitándole el título en Miami. Sonny Liston era tan reconocido como campeón que en esa pelea contra Alí era el único favorito de todos los expertos... digo de todos, sin excepciones.

Toda una historia la de Sonny liston que nació en 1932 en el seno de una familia en la que contándolo a él eran 25 hermanos, ¡25!. Su padre Tobe Liston era recolector de algodón en Arkansas y a Sonny lo puso a recoger algodón a los 8 años, doblada la espalda y bajo el sol. La forma de pensar del papá era que el que tiene edad para comer tiene edad para ganarse la comida.

Si el ambiente en la casa era malo las cosas no mejoraron cuando hizo un intento por ir a la escuela por primera vez cerca ya de sus 10 años de edad. Se multiplicaron las burlas porque era grande, casi gigantesco, y analfabeto. A los 16 años abandonó trabajo y escuela y se reunió con los niños y jóvenes peores ejemplares de su comunidad y se dedicó a asaltar restaurantes y tiendas.

En 1950 ingresó en la penitenciaría del estado de Missouri, allí dentro conocería al sacerdote católico de la prisión, el padre Alois Stevenson, el director de deportes de dicho penal, que lo llevó al gimnasio y guió sus primeros pasos en el pugilismo. De él dijo Liston: "Fue el primer hombre que habló conmigo en lugar de darme órdenes". El padre Stevenson le puso en contacto con dos hombres del mundo del boxeo que le buscaron hacer una sesión de sparring en la cárcel con un peso pesado local de cierto prestigio, Thurman Wilson.

En aquellos momentos, Liston no era más que un aficionado, pero en cuatro asaltos ganó por abandono, pues Thurman se negó a continuar peleando. En el 52, consiguió la condicional y comenzó su andadura en el boxeo amateur, ganando el campeonato de los guantes de oro, el título más importante en el boxeo amateur americano, y de donde salen los futuros campeones mundiales.

Ese fue el principio para quien sería un gran campeón. La carrera boxística iba bastante bien hasta que volvió a tener problemas con la ley, cuando en mayo de 1956 tuvo un pleito con un patrullero de policía y volvió a estar entre rejas.

Al salir de prisión, volvió a instalarse en Filadelfia junto a su mujer Geraldine. Allí conseguiría la protección de dos capos de la mafia, Frankie Carbo y "Blinky" Palermo, que mandaban en dicha ciudad. En aquellos tiempos la mafia actuaba en el boxeo como una auténtica ave de rapiña. Sólo hay que ver cómo estaba el contrato: el 52% era para Frankie Carbo, el 24% para John Vitale, y el 24% para él y su manager Pep Varone. Fue el último campeón mundial que caería en las garras de la mafia. Muhammad Alí, a continuación, rompió esas ataduras al estar protegido por la secta de la Nación del Islam.

En el 59 Liston dio un gran paso a la consagración al ganarle a Geraldo Niño Valdés, un gran peso completo cubano, algunos dicen que el boxeador más sucio que ha existido... sucio de suciedad, afirmaban que no se bañó nunca... pero lo cierto es que la pelea llevó a Liston al título mundial de Floyd Patterson a quien en 62 y en 63 noqueó las dos veces en el primer round. Después Alí acabaría con él, con Sonny...

Pero ganarle a Patterson fue toda una odisea abajo del ring. Por aquellos tiempos el movimiento pro-derechos civiles, liderado por el doctor Martin Luther King, estaba consiguiendo grandes avances por la integración de la comunidad negra, y veían a Floyd Patterson como un hermano que actuaba de paladín por la causa, y si Sonny Liston, ex delincuente y ex convicto ganaba, traería problemas al movimiento pro-derechos civiles.

Percy Sutton, director de la Asociación nacional Para el Progreso de las Personas de Color lo dejó claro: "Estoy a favor de Patterson porque él nos representa mejor de lo que podría hacerlo Liston". Para muchos miembros de la comunidad negra, que ganara Liston suponía volver a los inicios ahora que los hombres negros estaban en el mudo del blanco; que llegara Liston era volver a los comienzos. Los papeles estaban repartidos, el campeón Floyd Patterson era el negro bueno, y el aspirante era el negro malo.

Así fue la vida de Liston, dificultad tras dificultad. Siguió peleando hasta 1970, 6 meses antes de morir. Su última pelea fue contra Chuck Wepner, a quien derrotó. Se dijo que Liston no quiso vender la pelea y que eso le costó la vida porque la mafia no perdonaba, pero nunca se supo nada con claridad. Un día apareció muerto y como si hubiese aparecido muerto un insecto, nunca más se supo.

Lo único que no puedo contestar es por qué no se hizo una película de una de las vidas más dramáticas que yo conozca de un boxeador, y eso que conozco muchas desgarradoras.

En sus últimos años de vida decía con frecuencia "cuando yo ya no esté a lo único que aspiro es a que me recuerden como el buen esposo que fui para Geraldine, y que la gente sepa que siempre quise ser un hombre bueno y nunca me dejaron".

20 de julio de 2014

Para Rigondeaux el tiempo apremia y su gran noche no llega

Guillermo Rigondeaux tiene casi 34 años, y sus proyectos en el boxeo profesional se siguen posponiendo. Pasó gran parte de su vida --12 años—peleando como amateur e hizo 250 peleas, con todos los honores. Este sábado su aparición número catorce como profesional duró lo que dura un suspiro. Ganó, pero una vez más el lucimiento esperado y prometido quedó para otro día.

Su víctima ahora, en Macao, China, fue el tailandés Sod Kokietgym, quien se libró por muy poco de ser señalado como el culpable de un combate fraudulento. No sabremos jamás si de verdad no podía continuar o hubo mala fe y abortó la pelea desde la primera caída por encontronazo de cabezas (no cabezazo, no es lo mismo).

Encontronazo (graben esta palabreja) debemos decir, y ojalá mis amigos periodistas del boxeo dejaran de decir cabezazo intencional o no intencional, porque no podemos medir las intenciones y porque intentar hacerlo es premiar a los reyes de la infracción. Marvin Hagler, por ejemplo, que era capaz de cabecear diez veces a su oponente sin que nadie lo viera.

Los reglamentos del deporte deben decir: ‘a tal falta tal penalización’. Nada más. Ya sé que me van a recordar que los reglamentos del boxeo utilizan la palabra intencional. Los reglamentos del boxeo están llenos de sinrazón.

El encontronazo de Rigondeaux y Kokietgym fue inocuo. En el mundial de futbol vi docenas de choques de cabezas más exorbitantes y los damnificados siguieron jugando. Sin embargo el tailandés nos regaló una actuación teatral digna de grandes escenarios. Y aun, suponiendo que yo esté equivocado, le quedaba pedir tiempo al réferi de la pelea, porque todos sabemos que para estos casos el reglamento concede hasta cinco minutos de tolerancia. ¡Qué sacrosanta necesidad de reanudar de inmediato! Si se lo preguntáramos (a Kokiet y al réferi) no lo podrían explicar.

¡Y qué sorpresa la vuelta a la pelea! Inocente y pueril, Kokietgym, fue a saludar con choque de guantes a Rigo. Conmovedora ingenuidad, lenguaje hipocorístico. Es boxeo profesional, señores, y un combatiente de setenta peleas no tiene atenuantes del error que cometió. Rigondeaux amagó un saludito y recompuso su accionar para descargar un uno-dos que terminó la pelea. Kokietgym andaba en la baba, así decimos en México. Y el cubano hizo lo que le reclamábamos que no hacía en las peleas anteriores, fue concluyente.

Tampoco me creí del todo la gravedad del estado del de Tailandia. Recuerden que la pegada de Rigo no rompe un huevo, y el Kokietgym que no tuvo fuerzas para seguir peleando sí la tuvo para hacer una fingida protesta escandalosa. Que se vaya al… a Tailandia.

Yo, en fin, no le creí nada, y lo lamento por Guillermo Rigondeaux que sólo infortunio ha encontrado en el camino.

La gran victoria del cubano sobre Nonito Donaire, en abril de 2013 en Nueva York, tiene valor, pero no alcanza para decir que fue su gran noche. Necesita algo que lo ponga en la historia, antes de que se le haga tarde. Podría pelear con el ganador entre el español Kiko Martínez y el irlandés invicto Carl Frampton (éste curiosamente apodado ‘el Chacal’, igual que Rigo) que se medirán el 6 de septiembre en Belfast. También el michoacano mexicano Leo Santa Cruz está en los planes. Ganando una de estas posibles peleas, si la calidad de la pelea es muy buena, habrá aportado un poco a su consagración, sin duda.

Que se apure, Guillermo Rigondeaux. Él sabe que el paso del tiempo es el peor de los enemigos.

En la noche de Macao el chino Zou Shiming se transformó en peleador de clase mundial al derrotar por decisión en dura pelea al colombiano Luis de la Rosa. Primer combate de Zou programado a 10 rounds, y lo hizo muy bien, superando las limitaciones que en su nueva condición de profesional le veníamos señalando. Verlo es un imperativo por su calidad y porque es el héroe del país más poblado del mundo. Zou Shiming, ganador de tres medallas olímpicas, es la razón excluyente del despertar de China al boxeo.

No menos sorprendente fue la victoria del mexicano Gilberto Ramírez. El zurdo de Mazatlán aplastó al australiano Junior Talipeau provocándole tres caídas en el primer round. Julio César Chávez dijo en nuestra transmisión las dos cosas que había que decir. Uno: lo hizo maravillosamente; y dos: no hay que echar las campanas a volar. Tiene ahora 29-0 que es llamativo y prometedor, pero su oposición ha sido baja y mediana. A los 23 años lo que debe hacer es ajustar los tiempos y programar una ruta inteligente hacia un campeonato del mundo, sin apresurarse y sin cometer errores.

10 de julio de 2014

LaMotta cumple 93 años

Es 10 de julio de 2014 y Jake LaMotta, el más viejo de los campeones vivos del boxeo, cumple 93 años. Reproduzco a continuación un artículo que escribí en 1995, tras un encuentro con él en una cena en Dallas, Texas. Éramos diez o doce amigos del boxeo y me tocó sentarme a su lado. Max Schmeling es, digámoslo de paso, el campeón de boxeo que alcanzó mayor edad, murió en 2005 a los 99 años.

LOS BOXEADORES VIVEN MÁS

Por Eduardo Lamazón

Estoy en Dallas y coincido en una cena con Jake LaMotta. El viejo ex campeón, de 74 años, enciende un habano y le pregunto:

- ¿Jake, has fumado por muchos años?

- No –me responde, y me sorprende— empecé a fumar hace dos meses.

Se le ve en condiciones notables. Joven a su manera. Lúcido y vital. Más comunicativo que en los años idos cuando se le conocía por su aspereza y parquedad. Los años hacen a los hombres más buenos.

Es el LaMotta cuya vida interpretó Robert De Niro en “Toro Salvaje”, el que en los años cuarenta, como nadie quería pelear con él, se entretenía peleando con Sugar Ray Robinson (6 veces, Jake ganó sólo una); el que despojó del campeonato mundial de peso medio a Marcel Cerdán para incorporarse a la lista de los legendarios; el que abandonó a su segunda esposa en 1947 para casarse con Vikky, el amor de su vida, cuando tenían él 26 y ella 15 años. La Vikky que a los 52 años de edad posó desnuda para la revista Play Boy, y mujer con la cual Jake alardeaba de hacer el amor por horas y horas en jornadas interminables de sexo duro en las que perdía hasta cinco kilos de peso.

Jake fue muchas cosas para el boxeo. Fue, por ejemplo, para muchos, la quijada más resistente del siglo XX, y el protagonista destacado de la época más nutrida de grandes pesos medio en la historia. Peleó con José Basora, con Fritzie Zivic, con Tommy Bell, con Tony Janiro, con Billy Fox y con Tiberio Mitri.

Con él hablé de la vejez de los boxeadores.

¿Los boxeadores viven más?

Sería una broma afirmarlo, pero lo cierto es que hay en el mundo un puñado de ex campeones que con sus vidas añosas, su buena salud y su lucidez parecen desmentir los riesgos del boxeo y, a cambio, afirmar que son capaces de llegar a muy viejos después de haber combatido con fiereza en el ring.

Max Schmeling es sin duda el más longevo entre los que viven. A los 89 años el ex campeón de peso completo a quien Hitler utilizó como estandarte para propagandear su mito de la raza superior, es comentarista de televisión y sobrelleva bien sus muchos años a pesar de algunos achaques. No hay señas alarmantes para pensar que no alcanzará “la marca” de Jack Sharkey, su rival de los años veinte y treinta, quien murió el año pasado a los 91.

No olvido, por supuesto, que hay otro que quiere imitar a Sharkey, porque tiene 89 y se mantiene como si todavía entrenara: Al Hostak, el checoeslovaco-americano que en 1938 fue campeón de peso medio.

No me es posible establecer sin dudas quién es el ex campeón que alcanzó más años de vida, porque hay datos confusos sobre algunos y los pasos de otros se pierden sin huellas, pero Abe Attell tenía 94 años cuando murió, Johnny Wilson 92, Frankie Neil 87, Jack Root (primer campeón mundial semicompleto) 87, igual que Jack Dempsey y Jess Willard.

En México se dio recientemente un caso de marcada vejedad en Julián Rodríguez Villegas, primer campeón nacional de peso gallo en los veinte, que nació el 9 de octubre de 1904 y murió el 3 de septiembre de 1991, a días de cumplir 87 años.
El español Baltazar Sangchilli, que peleó fieramente con Al Brown (éste curiosamente asistido en su rincón por el poeta Jean Cocteau, que era su pareja) en 1935, murió el año pasado a los 84 años. Pero Lou Salica y Harry Jeffra están vivos y tienen 82 y 81 respectivamente.

La lista de aquellos campeones, los que animaron el boxeo profesional alrededor de los años veinte y treinta, y que aún viven para contarlo, se amplía: el “Baby Face” Jimmy McLarnin, que nació en Belfast el 17 de diciembre de 1907, goza de buena salud a los 87 años, igual que Archie Moore y los mexicanos Juan Zurita y Kid Azteca, todos de 81 (el Kid no fue campeón pero como si lo hubiera sido, porque peleó con muchos de ellos). Lou Ambers, tres veces rival del mexicano Baby Arizmendi y vencedor de --nada menos—Henry Armstrong, vive en Nueva York y tiene también 81, aunque lo supera en edad Tony Zale, de 82.

Sin llegar todavía a la franja de los 80 años, pero con optimismo para intentarlo, podemos mencionar a Melio Bettina (79), Harry Matthews (72) (que fue rival de Marciano y vencedor de Ezzard Charles), Joe Maxim (73), Willie Pep (73) y Bob Montgomery (76).

No recuerdo, no encuentro o no hay un solo campeón mundial que haya vivido cien años, pero si veinte años no es nada, como dice el tango inmortal, habría que aceptar que noventa son suficientes para una vida plena, aunque se la haya arriesgado boxeando.

Jake LaMotta me cuenta que actualmente da conferencias en universidades, como principal actividad para ganarse la vida. Estudió mucho sobre “pensamiento positivo”, enmendó su conducta después de haber estado en la cárcel y ahora enseña lo que se aprende con lo que los jóvenes no tienen y a él le sobra: edad y experiencia.

En la despedida me dice: “-No olvides amigo que sobreviví al boxeo y sobreviviré al cigarrillo. No sé qué cosa me matará, pero seguro que no será el tabaco. Igual que a muchos rivales, no le daré tiempo”.

Me voy pensando en la frase con que terminaba una película de Claude Lelocuh: “Los mejores años de la vida son los que aún no vivimos”. Si no es cierto, es mucho. Alcanza para vivir, sobra para soñar.

(artículo del año 1995)

Fotos de LaMotta cuando era boxeador y ahora. Vikky LaMotta en Play Boy.

15 de junio de 2014

Lo de Travieso Arce para llorar. Y le echó la culpa al calor

En la vida de cualquier boxeador hay peleas buenas y peleas malas. En la vida del Travieso Arce hay peleas buenas, peleas malas y la de anoche en Tuxtla Gutiérrez. Le ganó (bueno, de algún modo tengo que decirlo) a Jorge Lacierva, quien no pudo salir a combatir en el octavo round porque se le dislocó un hombro.

La infame representación de opereta que montaron estos dos señores fue difícil de digerir, pero es, sobre todo, difícil de explicar, y de entender. Si lo hubieran ensayado un año, hacerlo tan mal no les hubiera salido tan bien.

Arce llegó al ring inflado, abotagado, con lo que algún pesimista pudo sospechar que eso era una mala señal para lo que vendría en la pelea. Nosotros no, en la mesa de trabajo de TV Azteca esperábamos que Jorge le pusiera entusiasmo a su actuación y que Lacierva, con su enorme experiencia, cooperara a una demostración de buen boxeo. Que nos divirtieran y nos alejaran de los preconceptos que acompañan a las varias más recientes apariciones de Arce.

El reporte oficial es que los dos pesaron 126 libras en la ceremonia del día anterior, lo que resulta difícil de creer, pero lo avala la comisión de box. Ojalá que sea cierto, porque de no serlo estaríamos frente a otro problema grave, la alteración de un registro que tradicionalmente se respeta.

Explicar la pelea no me es posible. ¿Qué pelea? El Travieso descontrolado, excesivo, hiperactivo sin necesidad, con un enojo temprano y fingido, cargando hacia el enemigo para terminar siempre en un abrazo repetido y fastidioso. Lacierva tratando de durar, supongo, alargando la dizque pelea porque su vergüenza le dictaba que debía justificar de algún modo el salario.

Transitaron siete rounds, lo que ahora, recordando, me parece inexplicable. No embonaron, no se encontraron, no quisieron ni pudieron, no pelearon a la usanza habitual del boxeo, que puede ir de lo excelso a lo irrisorio, pero que responde a un patrón de comportamiento: usted ve a dos sobre el ring y sabe qué deporte está viendo, es boxeo, no es lucha, ni karate, ni dominó.

Créanme que esta no-pelea, esta comedia que escenificaron Travieso y Lacierva no fue boxeo, y debería prescindirse de incluirla en sus récords.

Al terminar con la histórica patraña Arce fue entrevistado sobre el ring por Abraham Rodríguez, un muy hábil reportero de Azteca, y en lugar de pedir perdón, que era la obligación inexcusable de un profesional, se deslindó de culpas y dijo que “hacía mucho calor”. Rodríguez, que es inteligente y veloz, lo cuestionó: “Pero tú peleas en Mochis, donde hace más calor que aquí”, y la inefable respuesta fue: “es que me hicieron calentar demasiado tiempo y se me fue la energía”. Es decir, para cada buena pregunta que me hagan tengo un arsenal de respuestas idiotas… La pelea había terminado y Jorge continuaba empeorando las cosas.

El 9 de junio de 2012 el Travieso se dejó caer en Las Vegas en el segundo round de su pelea con el puertorriqueño Jesús Rojas, alegando haber recibido un golpe prohibido en un oído, lo que le habría provocado confusión y pérdida del equilibrio. Consiguió que se decretara un No Contest (Sin Decisión, habría que decir, que es diferente al no contest, pero la diferencia ya se ha olvidado). Fue la primera de seis actuaciones cuestionables que lleva eslabonadas, una detrás de la otra.

Tras el insuceso de Las Vegas peleó en Mochis con el panameño Mauricio Martínez que venía de perder cuatro de sus más recientes cinco peleas. Inmediatamente después fue derrotado groseramente por Nonito Donaire, y a esa siguió el choque con el colombiano José Carmona, la más rescatable desde lo boxístico, a pesar de que terminó en tragedia.

Una más, con el brasileño Aldimar Silva Santos, nos volvió a dejar esperando al Travieso tan prometido que no llega. Y lo de anoche.

Tan sencillo es pedir disculpas, reconocer el error. No hay ser humano que pase por esta vida sin equivocarse. El Maravilla Martínez lo hizo en Nueva York, sólo instantes después de terminada la pelea con Cotto: “quiero pedir perdón a los argentinos que vinieron a verme y fueron defraudados”. Con eso aligeró el peso de la carga, se allegó la compasión de miles de aficionados para el guerrero vencido.

Este Travieso, en cambio, que persiste en la actitud de: “Todos están equivocados, yo tengo razón”, no se ayuda, y está manchando una gran trayectoria. No tiene necesidad de insistir en este tipo de peleas, prometiendo que las buenas vendrán después.

Y si ha llegado el momento del retiro, es mejor aceptarlo con la frente en alto y repartiendo dignidad, como Jorge Arce lo ha hecho durante muchos años. Todos quisiéramos quedarnos en lo mejor de nuestras vidas, pero no se puede.

Hay algo peor que envejecer, y es andar dando pena.

8 de junio de 2014

La gran noche de Cotto; La impotencia de Maravilla

La crónica de la pelea podría ser brevísima: sin piernas no se puede pelear. Maravilla Martínez no tuvo piernas y no peleó. Fue un vehículo sin ruedas, fue un avión sin alas, fue un prisionero de su propio cuerpo repentinamente torpe, atáxico, envejecido. Miguel Ángel Cotto construyó su más grande epopeya con poco esfuerzo, sin riesgos, y alcanzó una victoria consagratoria cuando el campeón –que dejaba de serlo—no pudo salir a pelear el décimo round.

No lo sabíamos pero así el destino de la pelea estaba sellado desde antes de empezar, quizá desde que se firmó.

Los pronósticos no sirven, y no lo digo porque hayan estado mal los que veían a un Cotto ganador antes del combate, sino porque nadie, ni Dios, podía imaginar esta catástrofe deportiva en una pelea que prometía una batahola inolvidable, y no lo fue.

En el boxeador maduro una gran ilusión todavía viva suple carencias que instaló el tiempo. Este razonamiento podía aplicarse a los dos antes del pleito, pero sólo funcionó para Cotto, que con esmero logró una producción correcta a pesar de algunos altibajos anteriores que creaban dudas.

Sería interesante saber más sobre Sergio Martínez y el fracaso de sus piernas, o sus rodillas, que son el principio y el fin para entender por qué la pelea no fue la que tenía que ser. Cuesta creer después de lo que vimos, que antes de subir al ring del Madison Maravilla y su gente, incluidos sus médicos, creyeran que todo estaba en orden. Sergio, en términos reales, no metafóricos, fue un discapacitado. Una silla de ruedas lo hubiera ayudado a moverse mejor.

Todos sabíamos que el argentino tenía problemas en sus rodillas, pero aun con esos padecimientos, en las peleas anteriores, contra Chávez y contra Murray, caminó, brincó, bailó y se desplazó de modo conveniente para hacer lo que sabe hacer, esa danza sin final que lo convierte en un carrusel que gira y pelea.

Al terminar el noveno round –lo dije en la transmisión—sentí pena al observar la sardónica sonrisa de impotencia irreversible en Maravilla. Un niño que pedía ayuda, un huérfano de recursos para saber qué hacer con la vida inmediata, con la poca que le quedaba de boxeador profesional, con el humillante hálito final del campeón agonizante, ese suspiro suave del que ya no puede más y quisiera no estar ahí porque siente una vergüenza para siempre, indescriptible.

Un día me dijo Wilfredo Gómez: “quien no ha sido boxeador no sabe lo que es perder, es peor que morirse”.

¡Qué resurrección la del boxeo puertorriqueño! La sequía de los últimos tiempos era atroz, y de pronto esta victoria apoteósica.

Los méritos de Miguel Ángel Cotto están intactos, a pesar de las circunstancias favorables que lo ayudaron en esta ocasión. Él escribe su historia, con prescindencia de lo que hagan sus rivales. Hace 13 años debutó en el profesionalismo pesando 63 kilos, y en 43 peleas desde entonces acompañó su crecimiento físico con los resultados en el ring . Para mí dio ahora el gran paso que le faltaba y se pone a la altura de los inmortales de Borinquen: Gómez, Benítez, Ortiz, Camacho, Trinidad, Montañez.

El boxeo de élite muestra una vez más, cruelmente, cómo pasa la vida. Quizá un gran futbolista puede disimular la decadencia inexorable cuando llega. Pasar la pelota, no sé, al fin y al cabo hay once en la cancha. Prolongar con ingenio una o dos temporadas el ocaso. Pero al boxeador quién lo ayuda.

Hace cincuenta años lo dijo Willie Pep: “Cuando nos hacemos viejos primero perdemos las piernas, después perdemos los reflejos, después perdemos los amigos”.

1 de junio de 2014

Las malas reglas (y los oficiales incompetentes)

Las malas decisiones y los oficiales de ring incompetentes (que a veces se funden en una misma cosa) pueden provocar catástrofes deportivas, y lo hacen con frecuencia. La pelea entre Nonito Donaire y Simpiwe Vetyeka en Macao terminó en un caos.

Al final del cuarto round, en el minuto que sigue a las acciones, que se prolongó por mucho más de 60 segundos, la decisión acordada entre el réferi puertorriqueño Luis Pabón y el supervisor de la AMB, Aurelio Fiengo, fue ir a las tarjetas para determinar un ganador.

Ganó Donaire por decisión técnica al ir arriba en las puntuaciones.

Hubiera estado bien sin la explicación de Pabón que le dijo a Fiengo, y que oímos: “es que ya no quiere seguir porque dice que no ve”, refiriéndose por supuesto a Donaire y deslindándose en ese momento de la responsabilidad de poner él fin a las acciones. Decidió Nonito, no el réferi, de modo que si era el peleador el que no quería continuar tenía que ser declarado perdedor por abandono (KOT).

Cuando se anunció la puntuación de los jueces dijeron que los tres habían anotado 49-46, lo que no es posible, por lo que infiero que se equivocaron debiendo decir en realidad 39-36.

En algunos despachos periodísticos se decía que sonó la campana para el quinto. Una disquisición semántica que no hace sino entorpecer aún más lo actuado. Si sonó la campana, ¿por qué no hubo acción? Sin acción el quinto round no se podía calificar porque no empezó. ¿Se negó Donaire a pelear? Es la confirmación de que no podía ganar.

A lo que quiero referirme hoy, más que a este absurdo desenlace en Macao, es a algunas reglas equivocadas del boxeo, que nadie corrige. Al revés, a veces descomponen lo que está bien. No sé a quién se le ocurrió hace poco tiempo decir que el minuto de descanso pertenece al round anterior (sólo piensen en esto: ¿cómo puede pertenecer a la acción el tiempo de no acción?), con lo que hay rounds que terminan peleándose cuando suena la campana al final de los tres minutos, y sin embargo en el resultado de la pelea se anota con alguna forma de nocaut en ese round. Ejemplo es la victoria de Manny Pacquaio sobre Oscar de la Hoya que se anotó como KOT en el octavo round. El octavo se completó en el ring. Debía anotarse KOT en 9 desde la lógica y la tradición de este deporte, pero una regla ridícula lo impide. Lo que siempre estuvo bien, fue echado a perder.

¿Dónde está el problema? En que alguien cambió el reglamento haciendo el minuto de descanso parte del round anterior, lo cual no tiene sentido. Lo adecuado sería que el reglamento dijera, como siempre decía: “la pelea es a equis número de rounds SEPARADOS por un minuto de descanso. El minuto de descanso no es pelea, y ninguna decisión se debe tomar en ese tiempo. Lo que suceda se endosa al round siguiente y se hace notorio cuando suena la campana llamando otra vez a la acción.

Noto que no hay a la vista en el boxeo ejemplares de esa especie tan necesaria que fueron los históricos reglamentaristas (Eddie Eagan, Piero Pini…), y en estos días con liviandad cualquier improvisado propone una regla y se vota porque levantar la mano en una convención de boxeo es gratis.

He propuesto muchas veces, también, que cuando suceda un corte a un boxeador el réferi tenga la tarea de anunciar, con una señal preestablecida, qué es lo que procede según su criterio: si fue infracción por cabezazo, si fue golpe legal o encontronazo de testas. Los réferis rutinariamente no hacen nada para dejarlo claro a los espectadores y a veces pasan varios minutos sin que el público sepa qué están elucubrando los señores de la mesa de control.

En alguno de los organismos mundiales mantienen vigente una vieja regla según la cual tres caídas en un round obligan al nocaut técnico automático, lo que ha sido modificado por casi todas las comisiones de boxeo del mundo hace un cuarto de siglo. Se estudió que esa regla hace que los réferis, aun cuando muchas veces es necesario parar la pelea en la segunda caída, se lavan las manos y dejan que la regla marque el final en la caída siguiente sin exponerse a ser criticados.

Mención aparte es la que tengo para la infame regla del CMB de dar a conocer las puntuaciones parciales al finalizar los rounds cuarto y octavo, que seguramente es la peor idea con que se lastimó al boxeo en cien años. La combato por muchas razones, pero basta enunciar una: quita la atención de lo esencial, que es la pelea, para poner a todos a discutir si los jueces están bien o mal.

Tengo, sinceramente, la esperanza de que esta regla se deje sin efecto pronto y, digo más, habría que blindar en los organismos al grupo de gente que legisla, porque todo queda a la aprobación de los que votan en las juntas de gobierno, donde rara vez alguno de esos señores entiende algo de lo que está votando.

Con relación a lo anterior, no ha faltado quien señale que yo hago lo mismo en la transmisión de TV Azteca, a lo que respondo siempre que no. Hago lo contrario, que es alentar la polémica intrínseca sobre quién va marcando ventaja, SIN QUE SE SEPA CÓMO ESTÁN ANOTANDO LOS JUECES. Ese es el misterio, nudo del asunto, y la sustancia misma del boxeo. El misterio se desvela al final si la pelea termina por puntos.

En días pasados comenté mi mala disposición hacia otra regla que es la que impide que alguien pueda ser campeón en más de una división al mismo tiempo. Conseguirlo sería un logro adicional para los peleadores, y un reglamento no debe obstaculizar los logros deportivos, si acaso facilitarlos. El candado que existe “no puedes ser campeón más que en una sola división y si ganas el título en otra tienes que elegir en siete días con cuál de los títulos te quedas”, es como decirle a Usain Bolt “puedes correr los cien metros en diez segundos, pero en menos tiempo no está permitido”.

Y, por fin, recordar mi prédica de que una pelea de título vacante no puede terminar en empate, como se permite. En diciembre de 1979 tenía yo apenas 24 años de edad y discutí este punto hasta el cansancio con Ramón G. Velásquez, antes presidente del Consejo Mundial de Boxeo y comisario en la pelea que en Split, Yugoslavia (hoy Croacia) empataron Mate Parlov y Marvin Camel. Yo le decía: “¿cómo, profesor, se van a vender boletos para una pelea de campeonato mundial y los espectadores se regresan a casa sin haber visto a ningún campeón?”

Miren cuántos años han pasado y nadie me ha dado la razón. Quizá con otras cabezas que no sean la mía esto se vea de otro modo, porque yo no lo puedo entender. Bastaría devolver a los jueces la tarjeta del último round y pedirles un voto de calidad. Si han peleado 12 rounds cómo no se tiende a decidir un ganador en un deporte donde en tres minutos de cada round ‘no se recomienda dar empate’.

26 de mayo de 2014

Dos buenos veteranos al ring: Cotto y Maravilla en pelea apasionante

Una línea fina separa al boxeador maduro del viejo, que no estando ya en plenitud rendirá menos que en sus buenos tiempos. Maduros sí, pero no viejos, Miguel Ángel Cotto y Sergio Martínez pelearán el 7 de junio en el Madison Square Garden.

¿Rendirán al ciento por ciento o sólo al 90? No importa. Ni usted, lector, ni yo tampoco somos los mismos de ayer. Lo dijo Heráclito hace 2,500 años: “El río que ves pasar no es nunca el mismo río”. Lo que importa es que el choque es parejo y formidable.

La pelea se presume apasionante, entre dos que tienen calidad y son respetados por sus trayectorias, que se encuentran en un momento clave, ni temprano ni tarde, el tiempo ha transcurrido para ambos.

Algo así sucedió en 1961 cuando Paul Pender (con 31 años) y Carmen Basilio (34) se encontraron por primera vez, ya de salida del boxeo. Para Basilio fue el adiós definitivo, porque cayó por decisión en 15 rounds, con el título mundial mediano en juego, contra un renovado Pender que poco antes le había ganado dos veces a Sugar Ray Robinson. No hubo nada que lamentar con que pelearan, excepto el retiro inevitable de un cansado Basilio tras la derrota implacable.

Es probable que Miguel Cotto entregue más o menos lo que entrega siempre, porque pelea siempre igual. Es parejo, responsable, bien preparado, profesional obsesivo. Maravilla en cambio es impredecible. Suele estar aquejado de algunos males que nunca son uno, sino varios. Peleó bien contra Julio César Chávez, y ganó. Peleó menos bien contra Andy Murray y que haya ganado creó polémicas.

Cotto no noqueará a Martínez ni a nadie en peso medio, donde jamás peleó. Pero puede aspirar a ganar por puntos. Maravilla puede apostar a las dos vías. Si están en buenas condiciones los dos subirán con anhelos legítimos de victoria.

Cotto estará en casa, porque así es cuando los de Puerto Rico actúan en el Garden, debido a la enorme comunidad isleña que vive en Nueva York, y Sergio Martínez recorrerá el camino al cuadrado que recorrieron antes más de cincuenta argentinos, algunos de los cuales lograron hazañas inenarrables en el recinto sagrado. Menciono a Alfredo Porzio que lo hizo en 1926 y a Abel Cestac que lo hizo en 1945. No olvido a Victorio Cámpolo, ni a César Brion, ni a Raúl Landini ni al Tata Baldomir.

Lo de Luis Ángel Firpo es aparte, desde luego. Noqueó allí a Bill Brennan en 1923, poco antes de enfrentarse en otro sitio a Jack Dempsey para sacarlo del ring y ponerle a la historia un capítulo que no se olvidará jamás.

Quién ganará el 7 de junio no se sabe, nunca se sabe. Sólo tenemos información disponible por sus pasados, y hacemos los cálculos de costumbre que después nunca guardan una relación de prioridades en la pelea.

Nunca se sabe, dije, y eso es lo mejor que tiene el boxeo. No lo olvidemos.

Cotto es un guerrero más peleado, más probado (¿y más cansado?, quien sabe). Maravilla ha tenido menos guerras mundiales. Tuvo una guerra corta con Chávez en el último round, y se repuso bien a pesar de la dureza de la caída. En Vélez, en Buenos Aires, no estaba bien para vérselas con Martín Murray, y ofreció menos de lo que tiene. Con Cotto no podrá tener ni lesiones, ni errores, ni excusas.

39 años de edad Martínez, 33 años Cotto. A los 39 Archie Moore le ganó espectacularmente a Yolande Pompey en Londres, estando en el aire el título mundial semicompleto. A los 33 Muhammad Alí, en un orgasmo físico brutal, sobrehumano, derrotó a Joe Frazier en Manila, en la tercera que tallaron a golpes.

Maravilla pelea desde afuera, porque inventó la cuarta distancia en el boxeo. Cotto es capaz de alcanzar a una sombra que huye. La oferta es fantástica.

Son dos colosos. Cuando se paren en el ring, frente a frente, cuando el réferi les esté dando las últimas instrucciones, esas que nadie escucha, a los espectadores nos llegarán reminiscencias del circo romano. Dos guerreros confiables que se miran desafiantes y que un instante después comenzarán sin piedad una lucha casi de vida o muerte.

4 de mayo de 2014

Comento sobre el Chino Maidana

Encuentro en mi buzón innumerables pedidos para que escriba de la pelea Floyd Mayweather – Chino Maidana, que no vi porque estaba en Culiacán en la transmisión del también dramático combate que sostuvieron Omar Chávez y el Galeno Sandoval.

Revisé varios resúmenes sobre lo sucedido en Las Vegas, uno de ellos, que me enviaron y que agradezco, de veinte minutos. No pretendo comentar la pelea ni mucho menos, sin haberla visto completa, pero comparto unas primeras ideas.
Algunas veces en el boxeo se crece perdiendo. Le pasó al Macho Camacho aquella noche inolvidable de 1992 cuando aun derrotado por Julio César Chávez despertó la admiración del mundo boxístico por sus aptitudes antes no reveladas, por su valor y su entrega.

Le pasó ayer a Marcos Maidana que reemplazó con voluntad lo que eran limitaciones en cualquier comparación con el Houdini del boxeo, Floyd Mayweather, que hasta anoche se las había arreglado para mantener lejos y a raya a sus oponentes, pero ahora tuvo que soportar un asedio asfixiante del argentino. Maidana secuestró el aire del espacio que había entre los dos y el campeón no pudo respirar en varios pasajes del pleito; puso el visitante la acción a tan corta distancia que pareció que el plan era bailar, más que pelear.

Lo actuado por el Chino me hizo acordar mucho a lo de Roberto Durán en Montreal el 20 de junio de 1980, cuando le ganó a Sugar Ray Leonard (la única vez que pelearon, me gusta decir) con la estrategia mejor elaborada de la historia del boxeo, en una pelea espantosa, de encimar y de trabar, y de desesperar a los espectadores, pero que era la que Durán necesitaba para triunfar anulando el accionar de otro privilegiado al que si se dejaba mover se dejaba hacer lo que quería y le hubiera ganado –como Mayweather—al diablo en el infierno.

Lamento no haber mencionado esto de Montreal en mi comentario previo a la pelea de anoche, porque lo pensé mucho, “el Chino tiene que hacer lo que hizo Durán”, pero concluí que al ser Mayweather mucho más activo con las piernas que Sugar Ray, iba a zafar de la presión de Marcos.

Nunca se sabe, nunca se adivina todo, y eso es lo mejor del boxeo. Maidana le faltó el respeto, como correspondía, a este semidiós del pugilato, que había dominado imponiendo un temor reverencial al Canelo Álvarez, a Robert Guerrero, a Víctor Ortiz y a otros treinta o cuarenta.

Se crece perdiendo, les decía, porque en Marcos Maidana creían los argentinos, y no creía nadie que no lo fuera. Lo demuestran las apuestas y los pronósticos. No había de dónde, claro, sostenerse para advertir que sería un escollo demasiado duro para Floyd Mayweather, pero resulta admirable que si no ganó la pelea fue, al menos, el que encontró el camino para llegar al umbral de su puerta y patearla con la desfachatez del que quiere robarse todo lo que hay detrás.

Marcos fue mejor que otras noches suyas, y logró el efecto contrario en Floyd, que terminó abucheado y sin esa seducción peculiar que, de buena o de mala gana, todos siempre acaban reconociendo.
Maidana se metió en el compromiso, lo hizo grande y trascendente, se arropó en el respaldo de su gente que fue una viendo esta batalla deportiva como un asunto nacional.

No juzguemos mal al Chino porque perdió, juzguémoslo bien porque se entregó con generosidad y grandeza. Eso basta. Nadie está obligado a ganar cuando no se puede, pero todos estamos obligados a ser lo mejor que podemos ser.

Es una buena manera de vivir esta de andar dando más de lo que se espera de nosotros. Es de hombres cabales cumplir con lo prometido, y Marcos René Maidana había prometido una proeza y la cumplió.

28 de marzo de 2014

Pelea Manny Pacquiao y, como siempre, se trata de un gran aconteicimiento

El 12 de abril pelea Manny Pacquiao, y es de los dos el que importa, para que la pelea sea histórica, aunque no sea el campeón. Tendrá enfrente a Tim Bradley, que podrá resultar su redentor o su verdugo.

Manny Pacquiao, el que me acusaron de no querer (algunos, otros me acusaron de quererlo demasiado porque como ustedes saben yo “favorezco descaradamente a los peleadores de Televisión Azteca”).

Cuando se tienen cuarenta años de comentar el boxeo ya se han recibido todas las acusaciones.

No hay razón para que alguien me haya ubicado en una actitud descalificadora de Manny, porque lo admiro más que el que más lo admira, aunque no lo pueda colocar hoy en número uno entre los libra por libra dado que Floyd Mayweather no recibió como él el golpe letal de Juan Manuel Márquez que le procuró el nocaut más espectacular de la historia.

Tuve que poner las cosas en orden --y por eso creyeron que combatía a Pacquiao—cuando algunos insensatos dijeron que era el mejor boxeador de todos los tiempos. Que lo haya dicho Bob Arum vaya y pase, porque para Arum Pacquiao es un producto que vende, y porque Bob hace muchos chistes con tono de estar hablando en serio.

La verdad es que la gente dice muchas cosas, y se nos va un tiempo precioso en clasificar las verdades por aquí los dislates por allá, etcétera, por lo que no acostumbro a responder tantas iniquidades y sandeces. No son pocos los que afirman, por ejemplo, que no deberíamos hablar de boxeo los que no nos hemos subido a un ring, que es como decir que no deberían comer los que no saben cocinar, o que el cardiocirujano que nos opera del corazón debe haber sufrido antes un infarto para saber de qué se trata.

Nada nuevo, se los aseguro, si recordamos que Platón promovía que sólo los filósofos fueran reyes, y han pasado 2,500 años. A Platón le contestaron (y la respuesta vale un millón) que si la opinión pública demanda niveles de moralidad demasiado altos de parte de los hombres de gobierno, puede derivarse una consecuencia extremadamente desagradable: que el surtido de hombres capaces de conducir los asuntos públicos con eficacia se agotará. A los que piden que callemos los que no hemos boxeado yo les digo que el Cuyo Hernández y Nacho Beristáin nunca se subieron a pelear y han podido enseñar a muchos de los deslumbrantes héroes del ring que tanto respetan los que nos descalifican.

De Manny Pacquiao lo que suelo decir es que es el dueño de esta época, como antes tuvieron las épocas suyas Muhammad Alí, Sugar Ray Leonard, Julio César Chávez o Mike Tyson, y que poder verlo en vivo (aunque sea por televisión) es un privilegio de dioses.

La emoción de hacer contacto con la historia es irreemplazable. En cierta ocasión, sería por 1990, me enteré de que se presentaba en México el bailarín Rudolph Nureyev, y aunque yo no sé de ballet, decidí ir a verlo, (como vale siempre la pena ver a los mejores en su materia, hagan lo que hagan) a despecho de los consejos de algunos amigos que me decían que el ruso estaba viejo y ya no era el que había sido. “¿Qué importa?”, yo les respondía, con la emoción y la certeza de que un día podría contar que vi bailar al mejor que ha dado la humanidad, y se los estoy contando.

Ver a un histórico, ser de su tiempo, resulta en una conmoción inigualable que es más que enterarse de su existencia por una enciclopedia. Así, otros días vi a otros inmortales como Alicia Alonso, Jimmy Connors o Frank Sinatra, o toqué la mano del cadáver de Raisa Gorbachov un día de 1999.

El caso de Pacquiao, no es el del Nureyev arcaico que les acabo de mencionar, pero están los que dudan sobre las aptitudes del filipino que tiene 35 años de edad. Es cierto que ha entrado en zona de riesgo no por lo que sabemos (porque no sabemos nada que lo denuncie) sino porque es muy obvio que el recogimiento a que obliga el paso del tiempo lo alcanzará uno de estos días.

Manny Pacquiao se mostró entero contra Brandon Ríos, y no hay nada que obligue a derrumbarse a los 35. Roberto Durán estaba en buena forma a los 37 y Daniel Zaragoza se proyectó bien hasta los 39.

Manny tiene su lugar asegurado en la página central de la historia del boxeo con independencia de lo que pase el 12 de abril, y es válido creer que ya no podrá sorprender con nada, pues lo conocemos demasiado bien. Sin embargo todavía puede demostrar alguna cosa, como de qué tamaño es su voluntad, para estar a tono con la voluntad de los inmortales, que por mandato divino es prodigiosa. Sin voluntad de acero la inmortalidad no es posible.

Cuando Manny y Tim pelearon hace dos años en el Grand Garden del MGM de Las Vegas, ganó Pacquiao y se la dieron a Bradley, y desde entonces muchas cosas han pasado. Timothy, que hoy tiene 30 años, se consolidó como campeón venciendo en dos duras batallas contra Ruslan Provodnikov y contra Juan Manuel Márquez. Pacquiao recibió el golpe de su vida de parte de Juan Manuel Márquez en la definición que en EL BOXEO EN NÚMEROS puse como la número uno más dramática en la historia del boxeo tras revisar quince o veinte veces una por una las definiciones que siempre se habían tenido como las máximas: Marciano-Walcott, Weaver-Tate, Cooney-Norton, Foster-Tiger, Louis-Schmeling, Johnson-Ketchel.

Hoy sería pueril creer que las cosas en la pelea que viene van a ser iguales que el 9 de junio de 2012. Bradley ha crecido, está en buena edad para una guerra total, y conserva su velocidad electrizante en las piernas. Para Pacquiao el tiempo corre más rápido, inexorablemente, y habrá que ver cuáles son los daños que en él va sembrando. Se mostró bien contra Brandon Ríos, pero Tim es mucho más que Brandon.

La pelea será conmovedora y trascendente, por lo que significa para los anales del boxeo situar en su lugar a Manny Pacquiao, después de ser abrumado por su sino desde 2012. Manny se viste de boxeador otra vez. Nunca sabremos con precisión qué pensamientos habitarán su cabeza y su alma al ponerse las botas, el vendaje, los guantes. Será ecléctico y austero al razonar, porque nunca ha sido amigo de desbordes ni de gritos. Será reflexivo, severo, genial, porque es un superhombre como veinte, treinta, cincuenta que ha dado el boxeo.

Yo, --“el que no lo quiere”-- creo que a Pacquiao menos que a nadie podríamos encerrarlo o reducirlo a un puñado de números, medirlo con estadísticas. Manny es infinitamente más que razonar “perdió con Márquez, Márquez perdió con Floyd, por lo tanto Manny debe ser menos que Floyd”. Eso es una disquisición matemático-insoportable que quizá se aplica a esas entelequias que no tienen nada que ver con el arte, no un análisis de un peleador tan complejo, tan grande, un deportista tan minucioso como Manny Pacquiao. Pacquiao es la ciencia para ganar, Floyd es la destreza para no perder. No se pueden comparar, a menos que peleen.

No sabremos jamás si en este nuevo día D, antes del ring, Manny recordará cómo evolucionó su figura esmirriada y sombría desde hace 20 años cuando empezaba como profesional, a este guerrero sólido y total que es hoy, dueño del músculo, en control de sus emociones, trasminante su sedosa luminosidad y con un cerebro alerta y combativo, y listo, como en cada pelea, como casi siempre, que si no fuera por el golpe de Márquez creeríamos que no sabe fallar.

Por eso les decía al principio. Lo que ofrece esta pelea es suficiente para que no me pregunten si Manny Pacquiao es el ciento por ciento de lo que fue, o sólo el noventa y cinco, o el noventa. Ni siquiera él lo sabe. No sé si Dios lo sabe.

Lo que importa es que vamos a vivir una vez más su época, que es la nuestra, felizmente. Si no somos capaces de vivir nuestro tiempo, no somos capaces de nada.

27 de marzo de 2014

Jack Britton

Hoy 27 de marzo 52 años de la muerte de Jack Britton, el antiguo campeón de peso welter, que peleó entre 1904 y 1930. Murió en 1962 en Miami, Florida, a los 76 años de edad.

De raíces irlandesas, aunque nacido en Nueva York el 14 de octubre de 1885, William J Breslin (con este nombre nació) tiene la particularidad de que es el campeón mundial, entre todos los que ha habido, que realizó el mayor número de peleas: 348 son las que yo le registro y así lo consigné en EL BOXEO EN NÚMEROS. Sin embargo Dan Morgan, su apoderado, dijo una vez que eran más de 600. Incomprobables, pero...

Vale la pena recordar que el cuento "Cincuenta de a mil" (Fifty Grand, el original) de Ernest Hemingway, se basa en la pelea entre Jack Britton y Mickey Walker que pelearon en el Madison Square Garden el 1 de noviembre de 1922 (ganó Walker por decisión en 15).

Con Ted Kid Lewis, su archirrival, Britton peleó 19 veces.